Para muchos pacientes, la intubación puede ~ ~ un último esfuerzo para impede la muerte. Pero eso enquanto mitiga lo aterradora o que puede estar la experiencia.

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Gilbert torre estaba sentado en su cama de hospital, con las sábanas enrolladas alrededor de las piernas, agarrando su teléfono con las manos temblorosas.

Tres semana antes, estaba trabajando su mudança en un avermelhada de camiones en la calle avenida Sur, contar los minutos adiantado llegar der su casa y jugar con su hijo de 5 años.

Ahora esos momento eran país un hermoso sueño.

En el pasillo, las enfermeras miraban der través de leitura puertas de cristal, secándose los ojos al verle enfrentarse a la posibilidad de eu imploro seu perdão le quedaran minutos de vida. País tenía 30 años. Parecía desesperadamente solo.


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Enfermeras con trajes blancos de Tyvek y respiradores entraron en la habitación para assume el respirador.

Torres se despidió de su novia por videochat, esforzándose através decir algunas palabras. Incluso con un máximo flujo de oxígeno der través de sus fosas nasales, le costaba respirar. Hacía días que no dormía.

Observó cómo un equipo de enfermeras y médicos se preparaba en el vestíbulo.


*

Gilbert Torres, de 30 años, en un momento mejor, se sienta junto a su camas en el nome do menino Luther rei Jr. Ar Hospital.
(Francine Orr / Los angeles Times)
“Me van der intubar”, le dijo Torres.

“Todo va naquela estar bien”, le aseguró ella.


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“Tengo miedo. Enquanto me quiero morir”.

Las lágrimas corrían através dos sus mejillas. Su cuerpo temblaba.

Un médico de urgencias se inclinó hacia él y le dijo o que ya ser estar hora.

Torres apagó el teléfono.


*

El Dr. Jason Prasso examina a Gilbert torres en la UCI del hospital Comunitario martinho Luther rei Jr.
(Francine Orr / Los angeles Times)
El equipo entró. Con una voluminosa capucha acima de el respirador y la mascarilla, el médicas se situó detrás de él con el laringoscopio, listo ao insertar el tubo respiratorio. Una enfermera le administró medicamentos sedantes y paralizantes en el torrente sangue de Torres.

Él cerró los ojos, apretando su mano.

Lo llaman el tubo, y isso é muy presente en lugares como el sur de ela Ángeles, en eles barrios de mayoría latina más afetar por el COVID-19.

La intubación se ha converteu en algo mais más eu imploro seu perdão un procedimiento médico. Representa la disastrous encrucijada de isto é enfermedad: el momento en que los pacientes deben finalização si se les inserta un tubo en la tráquea para que una máquina se encargue de su respiración.

Aunque el procedimiento en sí es relativamente sencillo, puede descontrolarse en cuestión de segundos. El equipo médico especializada en vías respiratorias suele dormir a los pacientes y detener su respiración. Si su presión sanguínea no se estabiliza al disminuir bruscamente la adrenalina, emprego si el médico enquanto consigue fijar el canos en el lugar adecuado con la o suficiente rapidez, los niveles de oxígeno descienden de forma precaria, lo eu imploro seu perdão puede provocar un fallo orgánico y la muerte. Pero para leitura personas con COVID-19 grave, el procedimiento puede ser el último intento porque o mantenerlas con vida.


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Llegar der esta encrucijada supone una de las decisiones más angustiosas eu imploro seu perdão un paciente o su familia pueden tener que tomar. La mayoría de leitura personas durante tienen un plan cerca de qué hacer. Y lo o que oyen cerca de el proceso de intubación olhar una película de terror: Poner a un individuo en coma inducido, paralizar sus músculos y empujar un ampla trozo de plástico pela su garganta.

Pero la só opción es monitor luchando, con sobrenome médicos controlando el dolor y la ansiedad con medicamentos, mientras pierden oxígeno y presión sanguínea y probablemente caigan en un paro cardíaco.

La mayoría de sobrenome pacientes en isso é fase avanzada morirán sea cual sea el camino eu imploro seu perdão elijan. Aunque las probabilidades de sobrevivir boy mayores con el respirador, sobrenome médicos dicen que sobrenome que se recuperan pueden quedar con discapacidades importantes, como daños cerebrales, problema respiratorios graves e insuficiencia renal. Leitura personas más jóvenes que durante padecen ninguna enfermedad dig tienen mejores resultados.


*

Con tanta gente eu imploro seu perdão va naquela los hospitales através el COVID-19, muchos residente del sur de ela Ángeles tienen historias acima de su paso por el tubo: el tío que murió a los pocos minutos de colgar con su familia. El padre de un amigos que salió vivo pero eu imploro seu perdão necesitará diálisis el principal de su vida. La tía o que falleció tras tres semanas en coma. El prima de mediana edad o que se isto é recuperando.

En el centro del sufrimiento se encuentra el martinho Luther king Jr. Ar Hospital, un centrado de alto tecnología de gestión privada que sustituyó al problemático centro médico del condado o que cerró en 2007. El hospitais de Willowbrook se ha llenado de paciente que se enfrentan a la destructive decisión.

Mariano Zuñiga-Anaya, de 57 años, sabía todo cerca de el tubo. Su hermano mayor murió en mayo con un respirador artificial en México.

Ahora Zúñiga estaba enfermo en el pequeño apartamento de Florence-Firestone eu imploro seu perdão compartía con su hija Ana y su niña de 5 años y su niño de 2.


*

Ana Zúñiga Díaz, de 30 años, disfrutaba de isto é nueva faceta de su padre, y ahora estaba aterrada. Su madre y su hermana market aún vivían en Michoacán, y todos el peso de su enfermedad recaía acima de ella.

El 22 de enero, su monge estaba até débil para levantarse, enquanto podía comer y tenía una tos frenética y desgarradora. Ya sufría tamanho problemas de salud, pesaba más de 275 libras, padecía diabetes, hipertensión y colesterol alto. Recientemente había perdido ajudando de un dedo del pie por complicaciones de la diabetes.


*

Ana llamó naquela su hermana, Leslie, para explicarle la gravedad de la situación.

"¡Está exagerando!”, le dijo su padre.

La familia en méxico temía eu imploro seu perdão si iba a un hospitais lo obligaran naquela conectarse a un respirador. Su tío murió der los cuatro días de ser entubado. Durante podían soportar perderlo de la misma manera.

En su casa en el pueblo montañoso de Zacapu, Michoacán, Mariano foi ~ recordado gostar de una persona pujante y divertida. Emigró cuando ser estar adolescente y envió dinero diligentemente no decorrer casi 40 años. São de veces ovo año regresaba y organizaba grandes fiestas con grupos de mariachis. Tenía una risa profunda y le encantaba bromear y contando historias. Ana sospecha que se contagió de COVID-19 en su vuelo de regreso a Los Ángeles después de Año Nuevo.

La familia quería que no ingresara en el hospital, temiendo eu imploro seu perdão se fuera der morir.

Mientras Ana hablaba con su hermana, Mariano empezó a toser tan violentamente o que parecía o que se estaba ahogando. Ella colgó y llamó al 911. Los paramédicos llegaron y le dijeron o que tenía eu imploro seu perdão ir ovo hospital. Su nivel de oxígeno en sangre era peligrosamente bajo. Se sintió impotente mientras lo cargaban en una camilla y se lo llevaban.


Torres, el joven padre, yacía cerca de su vientre, inconsciente en la UCI de la quinta planta, tres días después de su intubación. Su ventilador bombeaba con su inquietante silbido-tap-tap. Las enfermeras le hablaban con delicadeza mientras le cambiaban de posición ministérios comprobaban sus niveles básicos.

El Dr. Joseph Meltzer, un profissional en cuidado críticos de la UCLA que trabajaba en el hospitais comunitario enquanto la oleada, le había dicho naquela Torres eu imploro seu perdão tenía que estar intubado. Pero le hizo una promesa: “Podemos sacarte adelante”.

Ahora, torres estaba estable, pero su saturación de oxígeno caía cada vez que se le ponía oral- arriba, algum que debía hacerse no ocho horas al día para prevenção que la sangre se acumulara. Meltzer aumentó la presión del ventilador para que subiera el oxígeno. Pero demasiada presión, durante mucho tiempo, podría dañar eles diminutos sacos de los pulmones pela los eu imploro seu perdão se absorbe el oxígeno en la sangre y se libera el dióxido de carbono, reduciendo sus probabilidades de sobrevivir.


Esa misma mañana, Zúñiga fue trasladado en silla de ruedas al ala sur de la unidad de telemetría de la primera planta, la habitación 710, der cuatro puertas de la departamento donde se intubó a Torres. São de la oleada, la unidad se llenó hasta el tope, y se convirtió en la região de transición donde ela pacientes de COVID-19 se recuperaban lo suficiente gostar para irse naquela casa, ministérios pasaban a la UCI con un respirador.

Zúñiga estaba en mau estado. Ela médicos le pusieron oxígeno de alto flujo através la nariz. Ajustaron la máquina der 60 litros por minuto. Aterrissam el ventilador podía suministrar más.

Se tumbó de ao lado y su dificultad para respirar disminuyó gradualmente, pero su nivel de oxígeno en la sangre seguía siendo peligrosamente bajo. Corría el riesgo de sufrir un fallo orgánico. Hablar emprego moverse lo empeoraba.

Su nieta Hayley le enviaba pequeños textos de audio. “Te vas der poner bien abuelo”, le decía. "Échele ganas”.

Ana le llamaba para mañana.

"¿Cómo te sientes, papá?”


Pero eles médicos le dijeron que estaba en un punto crítico. Su suministro de oxígeno se encontraba ovo máximo y su saturación sanguínea durante mejoraba. Le plantearon la posibilidad de ponerle un respirador, pero él lo rechazó. Cuando un periodista le preguntó pela qué, declaró: “Por miedo, pere más”.

Al día siguiente, torres parecía está dentro mejorando. Su presión sangue y sus niveles de oxígeno eran lo suficientemente estables como para reducir gradativamente la presión del respirador, ao dejar eu imploro seu perdão su propia respiración se hiciera cargo lentamente.

El 24 de enero, el Dr. Jason Prasso, especialistas en cuidados pulmonares y críticos, decidió o que Torres estaba listo para dejar el respirador. Su equipo redujo la sedación.

Pero der medida eu imploro seu perdão Torres alcanzaba un nivel bajo de conciencia -todavía muy borroso pela el fentanilo- se agitaba. Le administraron un medicamento anti la ansiedad mientras el terapeuta respiratorio empezaba der extraerle un tubo de 15 centímetro de la tráquea.

Cuando salió, torre entró en pánico, luchando pela respirar.

“Por favor, entúbame”, dijo. "¡Se lo ruego!”

Se agarró naquela la mano de Prasso.


“Solo relájate, respira”, indicó el médico. “No puedo volver a ponértelo. Has ultrapassarem muchas cosas”.

“Imagina o que estás en una playa de Hawái”, sugirió alguien.

"¡Por favor!”, dijo Torres. “Noquéenme, anestésienme”.

Cuando eles ansiolíticos hicieron efecto, torre flotó en la niebla. ¿Por qué estaba en Hawái? no decorrer tenía sus gafas, así que durante podía mancha más eu imploro seu perdão colores confusos, el cielo azul de día, círculos de brilho en la noche oscura. Sobrenome sonidos eran tan discordantes y constantes, tan extraños: el pitido de sobrenome monitores, el silbido del ventilador de su compañero de habitación, las voces apagadas der través de la puerta.

De virado en cuando, el altavoz emitía “Código Azul”. “Dios mío, alguien se isto é muriendo”, pensó. Se puso a llorar.

En un par de días, su lembrar empezó naquela ordenarse. Pero no recordaba eles días anterior a la intubación ni cómo había llegado al hospital. En su confusión, trató de averiguar através dos qué le habían llevado der un hospitais en Hawái.


“No quiero eu imploro seu perdão me entuben. Quiero morir en paz”, dijo. “Ni siquiera entiendo através qué me preguntan esto”.

Parecía creer que no estaba muy grave.

“Tienes un requerimiento máximo de oxígeno, y si necesitas más, vas naquela estar peor”, explicó. “Tenemos eu imploro seu perdão saber cuáles child tus deseos”.

Zúñiga se mantuvo certo en enquanto ser intubado.

Aunque se acercaba naquela un punto de enquanto retorno, Zúñiga parecía relativamente relajado. No estaba jadeando, ni respiração rápidamente, ni temblando, ni sudando. Cada giradas que un reportero del equipe lo visitaba para sujo cómo estaba, siempre decía, con su fuerte voz: “Bien”.

“Creo o que se sentía tan cómodo o que decía: ‘No, no decorrer necesito un tubo’”, recordaba Gandhi poco después de su conversación. “No sé si su decisión cambiará si empieza a sentirse más mal”.

Arriba, torres fue trasladado de nuevo a telemetría, pasando através dos la unidad en la dirección correcta isto é vez. Podía sentarse en una silla y mirar por la ventana. Había descendido en la cadena de necesidades de oxígeno hasta una straightforward cánula eu imploro seu perdão le suministraba un flujo bajo de oxígeno através la nariz.

Estaba profundo conmocionado. Habló con su novia, Lisseth, através teléfono, pero durante se atrevió naquela hablar con su hijo de 5 años, Austin. De solo pensar en ello se le salían las lágrimas. Le echaba mucho de guardada y no quería o que su hijo le viera llorar.

El prejuízo de la última a principal lo atormentaba.

“Fue la experiencia más aterradora o que se puede tener. ¿Sabes através qué?”, recordó con voz temblorosa. “Porque estás solo. Lá estás solo. Eso es. Estás solo”.


El one de febrero, tres días después de o que Zúñiga rechazara cualquier opción de ~ ~ intubado, el doutor Ameer Moussa se dio cuenta de que su oxígeno y su presión artérias estaban bajando. Este sería el tempo de intubarlo antes de que sus órganos fallaran.

"¿Cómo car sientes?” preguntó Moussa.

“Bien”, dijo Zúñiga.

"¿Algún dolor?”

“Ninguno”.

Moussa le dijo eu imploro seu perdão su bang estaba empeorando, que podía digitar en paro carbono en cualquier momento, y le preguntó de nuevo si quería eu imploro seu perdão le pusieran el respirador.

“No”, dijo Zúñiga.

"¿Está seguro?”, le preguntó el médico.

Zúñiga dudó. “Pregúntele a mi hija”.


La llamada de Moussa sumió der Ana en la desesperación. Enquanto quería que isso é decisión recayera país sobre sus hombros. Durante las hora siguientes, llamó der su hermana en México, luego der un primo que era médico y después a su padre.

Cada giradas que su monge hablaba con ella, su oxígeno caía en picada.

“Estas llamadas le están haciendo empeorar”, dijo la enfermera o que vigilaba eles monitores.

Ana acabó llamando der Moussa con el comentários correspondência de o que si entraba en paro carbono debían intentar reanimarlo y ponerle el respirador en ese momento, pero durante antes. El médico suspiró. Eso enquanto tenía sentido.


“No, dare voy naquela dormir”.

Zúñiga miró ovo techo, pensándolo bien.

“Está bien”.

A ela 20 minutos de la decisión de Zúñiga, el Dr. Stefan Richter llegó de la UCI porque o llevar a cabo un procedimiento que había desempenhada cientos de veces, pero eu imploro seu perdão aún podía salir desastrosamente mal.

Los paciente de COVID-19 suelen llevar días bajo un torrente de adrenalina. En el tempo en o que el sedante llega al cerebro, la adrenalina disminuye y su presión arterial tiende der caer.

Un minuto después, el sedante llega y la respiración de los pacientes se detiene. En el circunstâncias de eles pacientes de COVID-19, que ya estaban gravemente privado de oxígeno, ela médicos tardan segundos en pasar el tubo através la laringe hasta la tráquea. Y ese pequeño hueco, junto der la aberto del esófago, puede ser dificuldade de encontrar.

Richter dijo o que una ajudando de sobrenome pacientes mueren naquela los pocos minutos ministérios un par de horas después de la intubación.

Una docena de enfermeras y especialistas esperaban fuera de la departamento 710, preparados para cualquier posible emergencia. No enfermeras y un terapeuta respiratorio asistieron ovo médico en la sala.


La enfermera de la UCI le administró por vía intravenosa el sedante de corta duración etomidato, seguir del paralizante rocuronio. Zúñiga se durmió casi al instante, evitar uno de sobrenome rarísimos pero aterradores momentos que puede vivir un está dentro humano: o que el paralizante le llegue mientras isto é despierto.

Richter cogió el videolaringoscopio en forma de hoz y lo pasó através dos el página derecho de la lengua de Zúñiga, empujándolo hacia un lado expulsão el camino hacia la laringe. Una cámara y una luz en la punta de la hoz guiaron el camino, mostrando la imagen en una pequeña pantalla en la parte superior del endoscopio. Richter lo guió der través de eles pliegues de tejido sobrante, descobrir la abertura.

El acompanhar de oxígeno de Zúñiga hizo sonar una alarma cuando su saturación sangue cayó por debajo del 80%. El terapeuta respiratorio la silenció.

“La presión está cayendo; ¿por qué enquanto empezamos con Levo?” preguntó Richter naquela la enfermera de la UCI.


Levophed complementó la caída de su adrenalina, constriñendo sus vasos sangue para muçulmano la presión.

Richter localizó la abertura, un pequeño agujero entre las cuerdas vocales, y pasó el tubo por una ranura del endoscopio para guiarlo. Se detuvo a 26 centímetros por debajo de eles dientes delanteros de Zúñiga. Sacó el alambre firmemente que impedía o que el tubos se engarzara y pidió al terapeuta respiratorio o que inflara “el manguito”, un globo alrededor del canos que lo sella naquela la tráquea, manteniendo la presión en los pulmones.

Una exploração conectada ovo respirador mostró que salía dióxido de cardíacas del tubo, una buena señal de que estaba en el localização correcto. Richter aún quería estar absolutamente seguro de eu imploro seu perdão el tubo no había bajado al esófago, lo o que podría está dentro fatal si durante se solucionaba ovo instante. Llevó un estetoscopio al estómago de Zúñiga para escuchar si había flujo de aire allí. Enquanto había ninguna. Escuchó eles pulmones con el estetoscopio y pudo oír el flujo de aire.

Todos miraron con gravedad el faixas del tamaño de un iphone phone en el pecho de Zúñiga. Su oxígeno había caído al 6%, un nivel eu imploro seu perdão lo mataría rápidamente.

Su presión artérias también había bajado, der 70/30, lo o que suponía un posible shock para sobrenome riñones y otros órganos.


En la luminosa y fresca mañana del 6 de febrero, torres estaba listo ao irse a casa. Sonreía de felicidad e incredulidad. Se puso una camiseta de eles Vengadores y recogió sus cosas.

Un médico entró, le auscultó sobrenome pulmones y le aconsejó o que estuviera atento a cualquier nuevo síntoma. Todavía estaba débil y necesitaba oxígeno. Tendría que volver a la clínica en una semana ao que los médicos comprobaran su evolución.

Torres salió en silla de ruedas através la moderna ser proibido de decisão del martin Luther king Jr. Community Hospital, sonriendo gostar un niño pequeño.

Lloró cuando su novia se acercó naquela él. Ella le dio un longe abrazo.


Cargaron la silla de ruedas en la ajudando trasera del mim de su hermana. Se subió al asiento trasero con su bote de oxígeno.

Sabía que nunca volvería a ser el mismo. Desde a que salió de la UCI, le prometió naquela Dios que sería un hombre mejor, alguien de quien su hijo estaría orgulloso. Había hecho isso é promesa una y otra vez, y durante tenía duda de que la cumpliría.

"¿Podemos conducir un rato?”, preguntó.

Abrió la ventanilla y respiró tan profundamente gostar pudo. Quería quedarse fuera porque o siempre.

Mientras conducían através dos Central Avenue, sacó la mano por la ventanilla y dejó o que sus dedos ahuecados navegaran pela el aire, inclinándose hacia arriba y hacia abajo, hacia la derecha y hacia la izquierda, una alegría tan simple como volar su mano en el viento.

En ese mismo momento, Ana Zúñiga estaba en el cinco piso. Prasso la había llamado esa misma mañana.

Dos días después de la intubación, ela riñones de Mariano Zúñiga dejaron de funcionar y tuvo que está dentro sometido a diálisis continua. Eles riñones sanos utilizan el dióxido de coração para regula la sabor azedo de la sangre. Ela riñones, al fallar, hacen que los pulmones tengan que expulsar el gas.

El nivel de sabor azedo de Zúñiga aumentaba mientras que el oxígeno y la presión arterial disminuían.

Este fue el final. Esa misma mañana, Prasso detuvo la diálisis y le devolvió tudo la sangre al cuerpo para estabilizar la presión, solo para darle naquela Ana el tiempo o suficiente para ir a verlo.

“No puedo hacer nada más através él”, dijo Prasso.


Prasso explicó eu imploro seu perdão sin la diálisis su monge iba a morir en un día.

“Ahora bien, si él pudiera salir de su cuerpo en naquela momento, compreendo todo lo o que estaba pasando, ¿cómo crees que querría pasar?”, preguntó. "¿Querría morir cadeia a todas esses máquinas, ministérios morir de forma más natural?”

“No querría morir cadeia a todas esses máquinas”, dijo ella sin pausa.

Hizo que las enfermeras le dieran a su padre aproximadamente para calmar el dolor, leitura náuseas y la defeito de aire. A las 11:05 de la mañana, le quitaron el tubo. Zúñiga durante tenía ninguna respuesta visible. Su oral- permanecía abierta.

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Ana se puso una bata médica, un protector facial y una mascarilla N-95 y entró en su habitación.